Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

Propuesta de ejercicios sobre la obesidad

Ken WILBER, en (VV.AA.) Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana, págs. 398-399.

“El me siento herido por tal persona debe traducirse como tengo ganas de dañarla.

Esto no significa que tenga que golpearle
(aunque, desde luego, también pueda descargar ese impulso aporreando una almohada),
sino que, para integrarla, basta con ser consciente de mi cólera.

Mi síntoma, el dolor, no sólo refleja la cualidad opuesta, sino también el sentido opuesto.

(…) Así pues, en el caso de la proyección de una emoción,
 primero deberemos darnos cuenta de que lo que nosotros pensamos que el exterior nos está haciendo,
es, en realidad, lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos, literalmente.

(…) A continuación, deberemos comprender que ése es nuestro deseo solapado:
Atormentar a los demás.

Nuestro deseo de atormentar a otros, puede ser, según los casos,
el deseo de amarlos, de odiarlos, de tocarlos, de ponerles nerviosos, de poseerlos,
de mirarlos, de matarlos, de abrazarlos, de estrujarlos, de atraer su atención,
de rechazarlos, de dar, de someterlos, de jugar con ellos, de dominarlos,
 de engañarlos, de ensalzarlos, etc.

El segundo paso, la inversión, es esencial.

Si la emoción no se descarga completamente en la dirección correcta, no tardaremos en volver rápidamente al antiguo hábito de dirigirla contra nosotros mismos.

Cada vez que establezcamos contacto con una emoción,
como por ejemplo, el odio,
cada que vez que comencemos a dirigir el odio hacia nosotros mismos,
 invirtamos su sentido,
¡dirijámoslo hacia el exterior!

La alternativa es pellizcar o ser pellizcado,
mirar o ser mirado,
rechazar o ser rechazado.”